martes, 16 de septiembre de 2008

Valerie

A veces cuando miro hacia delante veo exactamente lo mismo que veo cuando miro hacia atrás, y eso en verdad me aterra. Me aterra tanto que la única respuesta que surge ante las infinitas preguntas que ante mi se presentan, y que por ser tantas y simultáneas no logro diferenciar claramente una de otra, es la no existencia. ¿La no existencia de qué?

Por las noches siento frío, aunque esté templado, aún así por las noches siento frío. Es quizá por saber que se aproxima, que ya no puedo soportarlo, que mi mente es muy débil y que de los castillos que hubo construido hoy sólo quedan unas pocas paredes y aberturas. El frío que siento no disminuye si me tapo, si me abrigo. El frío que siento, lejos de disminuir aumenta incesante cada vez más y más. ¿Acaso tengo que ceder? ¿Tengo que dejar mis cosas? ¿Con qué debo quedarme?

Para mi la respuesta es sencilla…. Si debo dejar de ser quien soy, es mejor dejar de ser en absoluto. Si no soy yo, no voy a ser ninguna otra cosa. Si hoy debo dejar todas y cada una de aquellas cosas que me constituyen, entonces dejaré también la más elemental de todas, sobre la cual todas tienen sentido y sin la cual ninguna otra podría existir, ello es la existencia misma, MI existencia.

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